lunes, 18 de octubre de 2010

Primera de Zarzuela

Musiarte convenció con la escenificación de La dolorosa y Gigantes y cabezudos.
La primera jornada de representaciones de la 2/ª Semana de la Zarzuela fue un homenaje al género chico de ambientación maña, aunque con estilos bien diferenciados en sus partituras. La dolorosa y Gigantes y cabezudos mezclan una inequívoca identidad aragonesa con dos maneras muy distintas de concepción musical, algo que las convierte en perfectas para compartir cartel, no sólo por su variedad de estilos, cosa que el público agradece, sino también por que facilita mucho las cosas a la hora de su montaje escénico. Y así fue como Musiarte Producciones presentó en el teatro “Tomás Barrera” la obra cumbre del maestro Fernández Caballero y una de las más conocidas de José Serrano, en doble sesión.
La tarde comenzó con La dolorosa, obra de sencilla coreografía, sin complicaciones corales, pero con una enorme carga lírica en sus romanzas, sobre todo para tenor. Por eso la compañía echó mano de Jesús Lavid. El solista cántabro lució su poderosa voz de tenor lírico, de largo fiato, que cobra su máximo apogeo en “La roca fría del Calvario” o “Relato de Rafael”, y también en “La confesión” ante el “Prior”, papel que encarnó el incombustible barítono Antonio Lagar. Buen trabajo también de Chantal García como “Dolores”, aunque una de las piezas más aplaudidas fue el dúo cómico entre Cristina Zambrana y Adolfo de Grandy, que hicieron de “Nicasia” y “Perico”.
A continuación llegó “Gigantes y cabezudos”, zarzuela de mayor vistosidad escénica, con importante protagonismo de los coros, tanto masculinos como femeninos, y donde la jota aragonesa eclosiona con todo su esplendor, sobre todo en la parte final.
Excelente trabajo de la soprano Lupe Sánchez, que mantiene la misma fuerza de siempre. Convincente como actriz y amante de los papeles con fuerte personalidad, como el caso de “Pilar”, se lució fundamentalmente en la romanza “Esta es su carta”, que cantó con gran entrega y bella factura dramática. Ella misma se considera una soprano verdiana, y este tipo de papeles que encarnan terquedad y coraje, le van al pelo.
El público se entregó también en el coro de repatriados, a pesar de que el tenor Alessandro Bassi no acabó de trasmitir, sobre todo en la parte teatral. Y es que la gran dificultad de la zarzuela es esa: mezclar canto y declamación. En la parte cómica, Miguel de Grandy arrancó aplausos al igual que el otro Grandy, Miguel, y Margarita Cuesta como “Tomiteo” y “Cuesta”. Pero fue Carlos Ibarra el actor genérico que más divirtió cuajando el papel de “Sargento”.
Ambas funciones fueron dirigidas desde el foso por Luis Romanos, cuya orquesta también fue muy aplaudida.

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